Etnia Bajau

LOS NÓMADAS DEL MAR

‘Gypsie Sea Rules’

OCÉANO PACÍFICO

ETNIA BAJAU

EXPERIENCIAS EN INDONESIA Y MALASIA

Familia bajau en las islas Togean de Sulawesi en Indonesia
Pulau Palan. Togean Islands.

1. PULAU PALAN: PARAÍSO BAJAU EN SULAWESI (INDONESIA)

Es probable que hayáis escuchado hablar alguna vez de la etnia bajau, unos nómadas marinos que son originarios de Filipinas, pero que han emigrado a diferentes partes del Sudeste Asiático debido a diferentes conflictos por la obtención de tierras. Se han instalado en Indonesia, Tailandia, Brunei o Malasia. En este último país ya hemos visitado algunas de sus aldeas, concretamente en Borneo, otro de nuestros viajes inolvidables.

Antiguamente los bajau vivían dentro de sus embarcaciones. Hoy en día, ya son muy pocos los que mantienen ese estilo de vida, muchas veces obligados por los propios gobiernos a establecerse en pequeños pueblos de pilotes sobre el mar. Porque vivan donde vivan, el agua sigue siendo su elemento vital.

Se les conoce también como ‘gitanos del mar’, siendo el término internacional ‘sea gypsies’, por esta vida tradicionalmente nómada ligada al medio acuático, y por sus grandes destrezas en la práctica del buceo. Y no es para menos, porque logran descender hasta 30 metros de profundidad en modo apnea, y han sido por ello objeto de muchos documentales de corte antropológico y científico.

Pescador bajau en las aguas de las islas Togean de Sulawesi
Aldea Bajau. Islas Togean.

Unas dotes que ha pasado de generación en generación y que ha hecho que muchos los califiquen ya como semianfibios. Dicen que verlos pescar con arpón es más que un arte, ágiles y silenciosos como lo son los peces. Son capaces de mimetizarse en el mar y de calcular con precisión milimétrica la refracción de la luz. Disparan y pocas veces fallan.

Unos artistas de la pesca evolucionados naturalmente, por la necesidad y adaptación al medio. Evolución pura y dura. Controlar la flotabilidad solamente con su cuerpo, especialmente con su bazo más grande de lo normal, para lograr mantenerse en posición de combate hasta tener la presa a tiro. Elementos increíbles, para una comunidad fascinante.

Los estudios etnográficos dicen que los bajau han podido vivir durante miles de años en los propios botes de pesca, y viajando de un lugar a otro por las aguas del Sudeste Asiático, en busca de las mejores condiciones marítimas para obtener su sustento, los peces. Solamente pisaban tierra de manera ocasional, pues todo lo que necesitaban para la vida lo obtenían del océano.

Con este modo de vida tan particular, no es extraño que les haya costado adaptarse a vivir en pueblos, por mucho que se trate de aldeas sobre el mar. Las estructuras ancladas en pilotes, les permiten seguir balanceándose al ritmo de las mareas, con la banda sonora de las olas y un entorno con olor a salitre. Probablemente sin eso, les falta el aire.

Aldea bajau sobre el mar de las islas Togean de Sulawesi
Togean Islands. Sulawesi.

Su extraordinaria capacidad para aguantar la respiración, no pasaba desapercibida hace ya siglos. Prueba de ello, es que los bajau aparecen en los escritos de 1521 del explorador veneciano Antonio Pigafetta, parte de la primera expedición que dio la vuelta al mundo.

Prueba de que los bajau llevan impresionando a quien los ve, desde hace cientos de años. Sumergidos con una especie de gafas de madera y un cinturón de pesos, todo elaborado artesanalmente. Porque toda su vida es una obra artesanal.

Por supuesto también sus arpones y redes para faenar, además de sus embarcaciones tradicionales, que se denominan kabang.

Antonio Pigafetta, explorador veneciano

Menciona los BAJAU en sus crónicas del año 1521

Antonio Pigafetta, explorador veneciano

Habla de los BAJAU en sus crónicas del año 1521

Pescador en los arrecifes de las islas Togean de Sulawesi en Indonesia
Bajau pescando. Islas Togean. Sulawesi.

Según los últimos informes médico-científicos, cuando bucean de manera tradicional, lo hacen varias veces durante unas ochos horas por día. Pueden hacerlo desde 30 segundos hasta varios minutos y bucean a profundidades de más de 70 metros.

Leyenda o no, cuentan que los más veteranos son capaces de comunicarse con los peces mediante un sonido que se vuelve imperceptible para el resto de los humanos, pero que según parece, atrae a los animales marinos. No hay duda de que si existen las sirenas, seguro que habitan aquí entre los bajau, y en estas lejanas tierras de las Togean, donde el impulso de la naturaleza más pura, parece mantenerse vivo.

Un misticismo que pervive de la mano de unas comunidades que respetan el medio ambiente y se adaptan como nadie a la diosa creadora.

Contraluz de aldea bajau sobre el mar de las islas Togean en Sulawesi
Aldea Bajau. Islas Togean. Sulawesi.

La pesca sigue siendo su fuente de recursos económicos en la actualidad. No hay más que entrar en sus casas para divisar como debajo del suelo, elaborado con tablas de madera, hay verdaderas piscifactorías caseras. Es una consecuencia del casi obligado sedentarismo que les impone la sociedad, por mucho que se quieran resistir. Al final nadie puede escapar de la presión de los gobiernos.

Se autocalifican como cazadores y recolectores, aunque en lugar de la tierra extraen todo el producto del mar. Es su abastecimiento para comer o vender, porque lo que sobra, lo secan para vender en los mercados. Los que habéis viajado por Asia estaréis cansados de ver esta técnica del secado de pescado por todas partes. Una manera más de conservación que viene de siglos atrás, como la salazón.

Pescador en barco en las aguas de las islas Togean de Sulawesi
Islas Togean. Sulawesi.

Los bajau son muy espirituales. Su impresionante conocimiento del medio natural, los hace ser muy sensibles a los cambios y no asumen de buen grado las acciones humanas que van contra natura. Quizás por eso tampoco les entusiasma una presencia excesiva de turistas, por eso conviene ser muy respetuosos durante la visita a sus aldeas.

La mayor parte de su cultura se basa en tradiciones animistas, siendo creyentes de los espíritus de la naturaleza. Mucha gente piensa que esto son chorradas, pero al mundo le iría bastante mejor si escuchásemos más a la madre naturaleza. Mientras escribo este artículo, en plena cuarentena del Covid-19, si algo se ha demostrado con este drama sanitario, es que el planeta ha ganado un respiro. Quizás deberíamos de pensar más en esto, como en muchas otras cosas que se han puesto de relieve con toda esta locura.

Pescadores de la etnia bajau al atardecer en las islas Togean de Sulawesi
Pescadores bajau. Islas Togean. Sulawesi.

Para los que todavía no confían en estas creencias de la madre Tierra, conviene recordar que ellos fueron los únicos que se adelantaron al tsunami de 2004. Porque cuando conoces tanto el medio natural, existen señales que te advierten de lo que puede venir. Eso mismo es que lo hacen los animales cuando en plena selva, y por el cambio de los vientos o de las nubes, son conscientes de que se avecina una tormenta y buscan refugio con anterioridad.

Nosotros también estamos preparados para eso, pero lo hemos olvidado. Quizás no estemos programados para solventar una crisis biológica como la que ha traído el coronavirus, pero si podemos escuchar más a la naturaleza. Llegado este punto de la ‘involución humana’, tampoco es descabellado pensar que es un castigo de los espíritus. Desde luego si yo fuese la Diosa Naturaleza estaría bastante cabreada como para esparcir unas cuantas putadas a esos seres llamados humanos, que han perdido su esencia hace demasiado tiempo.

Los tsunamis no son algo nuevo, como los virus, si no que existen desde que el mundo es mundo. Varios grupos de ‘gitanos del mar’ asentados en Tailandia, supieron interpretar los cambios de la marea y corrieron al interior de las tierras buscando los puntos más altos. Se adelantaron y la mayoría sobrevivieron. Su única pérdida, las escasas cosas materiales con las que viven.

Unos leemos libros, pero ellos son capaces de leer el mar. Y no olvidemos que el agua salada, es un elemento vital que todo lo cura.

Bebé de la etnia bajau en las islas Togean de Sulawesi en Indonesia
Aldea bajau. Islas Togean. Sulawesi.

La pregunta que nos hacemos nosotros es qué futuro le espera a las nuevas generaciones. ¿Podrán seguir viviendo con sus costumbres como única referencia? Parece complicado en este mundo donde la globalización se presume como una máquina apisonadora que busca incansablemente la homogeneización de todo, hasta de lo cultural.

En los países más explotados turísticamente como Tailandia, la construcción es cada vez más salvaje con respecto al entorno. Todo por dar cobijo a esos millones de extranjeros que viajan cada año, todo por el negocio en uno de los centros de turismo por excelencia de todo el mundo. Algunas de esas regiones han sido el hogar de estos ‘sea gypsies’, y hablamos en pasado porque ya no lo son. O porque no han aguantado, o porque los han echado.

Para edificar se ha ganado terreno al mar, afectando a todos los ecosistemas del entorno como los bancos de peces. Si desaparece su fuente de recursos, ellos tendrán que moverse a otro sitio.

Niños en una aldea bajau de las islas Togean de Sulawesi en Indonesia
Aldea bajau. Islas Togean. Sulawesi.

Pero surgen más dilemas. Los gobiernos ya empiezan a darse cuenta de la obligada necesidad de proteger los Parques Naturales, trabajo que ha costado mucho por estas latitudes. La otra cara de la moneda, es que con esa protección, se prohibe también la pesca en todos esos territorios, nuevamente hogar de muchos bajau. El resultado es el mismo, sin otra alternativa, tienen que marcharse.

El lugares de Tailandia como Phuket o Koh Phi Phi, algunas de estas etnias han visto como la selva más virgen se transformaba en unas décadas en una jungla de asfalto y turismo. Cuando el mar ha sido tu único hogar, es complicado entender otro sistema de vida. Ese que nos han vendido a otros, basado en el ahorro de dinero para comprar tierra o propiedades. Ellos no lo entienden.

Vivimos en un mundo tan necio, que incluso han sido expulsados por sentencias favorables a promotores inmobiliarios. Y lo peor, los han echado tierra adentro. Donde no encuentran su aire para respirar, que no es otro que el mar.

Atardecer en una aldea bajau de las islas Togean en Sulawesi
Aldea bajau. Islas Togean. Sulawesi.

Quizás las islas Togean escapen de ese modelo. Un sitio mucho más recóndito al que sólo llega un turismo más ecológico y responsable. Los viajeros han de disponer de tiempo y esfuerzo para llegar. Sulawesi en si misma es una isla que requiere de paciencia para recorrerla. Es más amable para los amantes de las aventuras ‘slowtravel’, del viajar sin prisas. Nos encantaría que así se mantuviese durante mucho tiempo.

A las islas Togean llegan cada año unos 8.000 viajeros, una cifra insignificante al lado de los millones que pueden aterrizar en Bali o en otros enclaves famosos del Sudeste Asiático. Mantener esos números, será una de las claves para controlar el peso de las visitas en un entorno tan privilegiado. No parece complicado si se limitan como hasta ahora los alojamientos en las islas.

Porque con una infraestructura logística escasa, no podrá albergar más masa turística. Tan sencillo como eso. Indonesia tiene varios ejemplos donde esto no se ha hecho con un nefasto resultado, por eso confiamos en que los gobiernos de turno entiendan que el dinero no lo es todo. Y que la riqueza natural, a largo plazo, puede generar unos ingresos mucho más saludables y duraderos.

Puente entre las islas Togean de Sulawesi en Indonesia
Aldea Bajau. Islas Togean. Sulawesi.

Nosotros también somos viajeros, pero entendemos que todos al mismo tiempo no podemos estar en un mismo lugar. Se hace imperante la dosificación de visitantes. Y cuando tengamos que esperar, esperaremos. Cada grano de arena cuenta para salvaguardar rincones maravillosos del planeta como este.

El archipiélago ya permanece protegido en la actualidad como Parque Nacional, pero dando la oportunidad a sus pueblos de seguir viviendo en ellos. Parece lo más inteligente cuando nadie mejor que los bajau parece entender el mecanismo de la naturaleza. A los afortunados que logren llegar y conocer este paraíso, sólo se les puede pedir que lo dejen tal cual lo encontraron. Es la primera máxima del turismo responsable.

Borneo. Malasia.

2. BORNEO: ETNIA BAJAU EN PURA ESENCIA (MALASIA)

Los bajau son una etnia conocida por ser nómadas marinos desde hace siglos en las costas del Pacífico, especialmente en Filipinas, aunque desplazados con el tiempo a otros países vecinos como Tailandia, Indonesia o Malasia. Allí fue la primera vez que encontramos a estos llamados ‘gitanos del mar’. 

Un año después volveríamos a acercarnos a su cultura en la isla de Sulawesi en Indonesia, una región muy especial para nosotros con muchas aventuras que podéis leer en el DIARIO DE VIAJE POR SULAWESI.

Una cultura marinera hasta la médula porque antaño, vivían en las propias embarcaciones. De día les ayudaban a proveerse de sus recursos pesqueros, de noche se transformaban en sus hogares. Cocina, dormitorio o salón, el espacio de madera navegable, era el centro de sus vidas.

Mabul. Borneo.

Con esta idiosincrasia, no es de extrañar que sean unos expertos buceadores de apnea, llegando a ser estudiados por la ciencia para entender como pueden mantenerse tanto tiempo bajo el agua. Al parecer una de las claves está en su bazo, bastante más grande de lo normal, consecuencia de la más estricta evolución.

Os hablaremos más de estas dotes naturales y de su forma de vivir actual, que ha cambiado mucho respecto a las generaciones pasadas. El empeño de los gobiernos de conseguir su traslado a una vida en tierra, se ha quedado en la mejor opción para ellos, vivir en aldeas sobre pilotes

Balanceándose con las mareas, con olor a salitre y con el sonido de mar como banda sonora tan necesaria para ellos. Es lo más cercano a la vida en una pequeña embarcación, también hecha de madera.

Borneo. Malasia.

Son unos artesanos con alma porque siempre han construído sus barcas, sus redes y sus herramientas para pescar, como arpones o gafas de buceo. El vivir adaptados con tal rotundidad al medio natural, nos lleva a hablar de su coherente modo de pensar y sus creencias animistas. La naturaleza es la madres de todo y hay que respetarla como a nada. Y no les falta razón.

Muchos son los que se ríen de esta filosofía de pensamiento, pero lo cierto es que en Tailandia, muchos de ellos se adelantaron al tsunami de 2004. No se trata de que tengan línea directa o no con los dioses ‘, si no que su aprendizaje sobre las mareas, les hizo presagiar que se avecinaba esa ‘ola grande’. 

Suficiente antelación para escapar y refugiarse en las alturas de interior y salvar la vida. 

Mabul. Borneo.

Leyenda o realidad, de todo esto os hablamos también en TROTANDOMUNDOS EN MALASIA. Una forma de vida de una cultura que nos parece fascinante y de la que tenemos demasiadas cosas que aprender. Una cultura con la que volveríamos a tropezar en menos de un año en las islas Togean de Sulawesi. Ojalá no tardemos mucho tiempo en reencontrarlos.

Panorámica de aldea bajau en las islas Togean de Sulawesi
Islas Togean. Sulawesi.

3. SOBREDOSIS DE REALIDAD EN TOGEAN ISLANDS (INDONESIA)

En cuanto pones un pie en la aldea bajau, te conviertes en una atracción magnética. Lo primero que hacen es preguntarte el nombre, que repetirán sin cesar hasta que te vayas, llamándote para enseñarte cualquier cosa que deseen destacar de sus casas, de su familia o de su pueblo. Tendrás que entrar descalzo en la aldea y si el sol aprieta y el suelo quema, te ofrecerán unas chanclas para que no te abrases los pies. Una bienvenida de lo más intensa.

De repente nos vimos abrumados, y hasta embaucados, por esa nube de pequeñajos a nuestro alrededor llena de sonrisas y de cariño. Era imposible dar dos pasos sin que te agarrasen la mano, con unas miradas intensas como si te admirasen sin conocerte. En cuanto aprendían tu nombre, no paraban de repetirlo constantemente. Pura dulzura y ternura. Te acariciaban como si estuviesen hipnotizados en una especie de situación mágica pero con doble cara.

Esa b-side que no logro sacudirme en un entorno con una dualidad extrema. Aparentemente ves a unos niños felices, porque lo son. Sus sonrisas son sinceras y nacen del corazón. Viven una infancia sin materialismos pero llena creatividad, construyendo sus entretenimientos con una sobredosis de imaginación que ya quisieran muchos pequeños en Occidente. Juegan y disfrutan, que es de lo que se trata.

Niño caminando en la aldea bajau de las islas Togean en Sulawesi
Islas Togean. Sulawesi.

El problema llega cuando piensas en su futuro. Ese fantasma que sobrevuela mi cabeza cuando veo a esos renacuajos en cualquier aldea perdida y remota del mundo, que no aspira a nada más que a ver el tiempo pasar. Eso me entristece. El sistema educativo es muy frágil en estos lugares, y si con suerte van al colegio, probablemente no será por mucho.

Pienso que todas esas niñas que se afanan para darme la mano no saben lo que es el 8M. Tampoco lo que es la lucha feminista. Y con casi plena seguridad, se quedarán embarazadas demasiado pronto, muchas antes de ser ni mujeres. Después sólo les queda dedicar su vida a criar niños, uno tras otro, sin más expectativas vitales.

Nadie discute que pueden ser felices con esa vida. En Europa tendemos a pensar que nuestras singladuras son las ideales porque nos creemos mejores, incluso superiores si hablamos sin pelos en la lengua. Algo que no compartimos en absoluto. Ninguna vida es mejor que otra, es diferente. Si todos tuviésemos acceso a las mismas cosas básicas y elementales como educación y trabajo, no estaríamos hablando de esto. Me aturde el pensar que no tendrán elección.

Mezquita y pueblo bajau en las islas Togean de Sulawesi
Islas Togean. Sulawesi.

Quizás sean de nuevo prejuicios del mundo blanco, y de una sociedad que se impone como la adecuada, sin escuchar los latidos de muchos corazones que viven felices. Por lo menos viven muchísimo más sonrientes que en Europa, y eso también te da mucho que pensar. Al final, en un par de horas que visitas una aldea, se forma un torbellino de pensamientos tan intenso que sales aturdido. Contento y triste a la vez. Sentimientos contradictorios envueltos en una sobredosis de realidad.

Seguro que muchos de los viajeros que nos están leyendo saben perfectamente de lo que hablamos. Nos encantaría saber si os habéis sentido así en algún momento de vuestras aventuras. Aquí estamos para leeros y escucharos, porque al final, no se trata sólo de compartir itinerarios y consejos, si no experiencias interactivas. Esas que enriquecen el alma y el corazón.

Retrato de un niño de la etnia bajau en Malenge (Islas Togean)
Islas Togean. Sulawesi.

La deficiencia sanitaria salta a la vista desde el primer minuto con las sonrisas de los pequeños que te reciben, te achuchan y no te sueltan hasta que tu barco se va. Sus dientes son excesivamente pequeños, y están roídos a la mitad, o directamente no existen. No sabemos si es por el exceso de azúcar en la dieta, unido a una inexistente higiene bucal, o si se trata de algún problema genético heredado de sus padres, que a la vista tienen el mismo problema. A estas cosas nos referimos, las desigualdades hacen que unos puedan pagarse dientes de porcelana y otros no sepan lo que es un dentista. Ni un médico seguramente en muchos casos.

Una región tan apartada y hasta hace poco casi incomunicada, brota en forma de endogamias y problemas genéticos. No hay más que fijarse en los animales. Es común ver gatos deformes, y según nos cuentan, esto se debe a que provienen de una única pareja de gatos holandeses. Sin uñas o sin rabo, una consecuencia más de años de endogamia.

La naturaleza necesita libertad, cuando se siente atrapada su creación se convierte en algo turbio. Unas horas al otro lado del mundo, en un lugar que hace años no sabía ni que existía, te revuelve las entrañas y te invita a reflexionar. Quizás sea la parte de los viajes que más nos gusta, esa que te hace pensar y aprender a marchas forzadas. Esas experiencias que no se pueden retratar con fotos ni vídeos porque nacen y perviven de la mano de tu karma.

Al final esas son las semillas que van poco a poco expandiendo tu mente y ampliando los horizontes de tolerancia.

Montañas entre palmeras del paraíso de las islas Togean de Sulawesi
Islas Togean. Sulawesi.

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